Más allá de XX y XY

jarmoluk / Pixabay

En la ciencia, toda área de estudio exige un orden y estructura para producir conocimiento asertivo, en la praxis este orden está dado en parte por la sistematización, clasificación y representatividad del objeto de estudio. Esta clasificación del espacio muestral debe representar lo que del objeto del estudio interesa. Un mecanismo para estudiar organismos sexuados como el Homo sapiens es la división en hembra y macho, lo cual resulta enteramente conveniente para efecto de estudio, análisis, consignación científico-histórica, desarrollo del conocimiento e ideas, entre otros propósitos. En el ámbito científico esta clasificación sirve a los más nobles fines de la búsqueda del saber, sin embargo, estos cánones han sido tergiversados por una sociedad poco equitativa dando como resultado una insana discriminación y juegos de poder que históricamente han beneficiado al género masculino. No hay que verlo desde el enfoque de lo bueno-malo, sino desde un enfoque práctico de lo productivo-improductivo o útil-inútil, en general el beneficio social: la clasificación de la especie humana en macho-hembra es útil y productiva desde una perspectiva eminentemente científica ya que fisiológicamente ambos sistemas biológicos son muy distintos, mas es inútil e improductiva desde el punto de vista de equidad. El hecho de reconocer estas diferencias no debe ser en perjuicio de nadie.

La mujer ha estado presente en el desarrollo y evolución de la sociedad, involucrándose en las ciencias, las artes, el desarrollo tecnológico y en diversos ámbitos del desarrollo de nuestra cultura desde el origen de la especie, sin embargo estamos muy lejos de alcanzar la equidad. Este aspecto sigue siendo un punto central de debate con matices muy distintos y extremos a lo largo y ancho del planeta, opiniones que son influidas entre otras cosas por la diversidad de culturas, los estratos sociales y el acceso a la información. Podríamos enunciar una larga lista de científicas reconocidas, de científicas olvidadas, que han sido verdaderas pioneras y parteaguas del conocimiento científico y así reivindicar su lugar en la historia. Podemos además de hablar, actuar. De eso se trata este taller, de eso se trata el trabajo que se ha venido haciendo por tanto tiempo y el del día a día: de lograr equidad en la investigación científica.

PublicDomainPictures / Pixabay

REFLEXIÓN

A pesar de que la brecha de género en nuestro país se ha reducido en algunos rubros como la proporción de estudiantes universitarios, que de acuerdo con datos de la UNESCO se ha llegado a igualar, aún existe una marcada diferencia en la representación de ambos géneros en diferentes disciplinas (1). La presencia de las mujeres en programas de posgrado es menor, y esta disparidad se acentúa en la incorporación a los centros de investigación una vez concluidos los estudios de doctorado. En un escenario ideal, el incremento de estudiantes universitarias se vería reflejado en un aumento en el porcentaje de mujeres investigadoras, sin embargo este se encuentra alrededor del 32%, y éste disminuye aún más a niveles superiores, en puestos de toma de decisiones o como líderes de equipos de investigación.

Se ha sugerido que la presencia de las mujeres es mayor en áreas que suponen trabajo duro y actitud más que aptitud o talento natural (2), también se ha indicado una correlación entre las matemáticas y su ejecución mayoritariamente por parte del género masculino (3). Sin embargo, estos análisis e indicadores sugieren o inciden en un común denominador: establecimiento de estereotipos. Y estos patrones lamentablemente siguen siendo propagados tanto por hombres como por mujeres, siendo esto último lo más alarmante: la falta de reconocimiento y solidaridad por parte de las congéneres. Hay diferencias entre ambos sexos, por supuesto, pero también hay diferencia al interior de cada uno. Biológica, hormonal, estructural y genéticamente somos diferentes, la mujer tiene cariotipo XX mientras que el del hombre es XY; sin embargo estas disimilitudes no deben ser traducidas como mejor-peor, o débil-fuerte. Lo justo es brindar condiciones de igualdad para que cada persona se desarrolle en su medio de elección independientemente de su género. No se puede desestimar la individualidad de las personas ni sus fortalezas.

Este fenómeno, la inequidad de género, no es exclusivo de México sino que ocurre en gran parte del mundo. De acuerdo con los datos de la UNESCO sólo en uno de cada cinco países se ha alcanzado la igualdad de género en ciencias (1), por lo que para conseguirla en el nuestro debemos exigir y contribuir desde nuestra trinchera. Si bien muchos de los problemas que aquejan a las sociedades actuales, como la disparidad de género, se solucionarán a futuro educando a las nuevas generaciones, eso no nos exime de emprender acciones desde ahora. Reeducar a una sociedad entera es una labor ardua que puede demorar décadas, pero que provocará cambios paulatinos en la manera de pensar y actuar a través de las generaciones. Por ello es de vital importancia trabajar hoy en pro de este cambio, en el día a día, desde nuestro ámbito laboral y familiar, y sobre todo haciendo extensiva esta forma de pensar y vivir más allá de la cotidianidad, en campañas y movimientos que nacen de eventos como este. Es importante entonces continuar e incrementar la difusión al reconocimiento y salvaguarda de los derechos de las niñas y mujeres a una educación libre, así como la divulgación de los múltiples casos de éxito de mujeres en los diversos ámbitos de la ciencia. El conocimiento es poder.

PROPUESTAS

Para lograr la equidad debe trabajarse el cambio tanto de manera vertical como horizontal. Es imprescindible evitar sesgos de género desde antes de la formación básica, inculcar estos principios equitativos desde la casa ya que esto queda en el inconsciente de las personas permanentemente: hay que educar en la equidad. Brindar mayor exposición a los logros de las científicas puede ser un factor importante para alentar a las nuevas generaciones, así como a las actuales, a trabajar por sus objetivos y sus inquietudes.

Una estrategia, un poco más agresiva, implicaría la designación de un sistema de cuotas en la distribución de puestos de trabajo, en particular los de mayor responsabilidad, que es donde se puede observar una diferencia más marcada; esto por supuesto con base en las aptitudes de las personas y no de una manera arbitraria. Además considero una buena idea optar por políticas reales de conciliación de la vida familiar y profesional, así como la ampliación de los límites de edad para participar en convocatorias por fondos y posiciones laborales, específicamente para aquellas mujeres que han procreado y luchan por crecer profesionalmente.

Debemos además prestar especial atención a la remoción de estereotipos como la visión tradicional de los investigadores varones como “líderes naturales”. Está en todos y cada uno de nosotros cambiar estas concepciones creadas desde hace siglos. Para esto se pueden impartir programas de equidad de género dirigidos no sólo hacia científicos sino hacia madres y padres de familia, trabajadores de la industria, maestros, público en general. Si se quiere lograr un impacto profundo deben tomarse en cuenta todos los sectores de la sociedad.

Erika Acosta-Cruz

Facultad de Ciencias Químicas, Universidad Autónoma de Coahuila

erika.acosta@uadec.edu.mx

Boulevard  V. Carranza esquina con Ing. José Cárdenas Valdés, colonia República Oriente, 25280, Saltillo, Coahuila.

 

Referencias

  1. Mujeres en ciencia. Disponible en http://www.uis.unesco.org. Consultado el 12 de octubre de 2015.
  2. Leslie S-J, Cimpian A, Meyer M, Freeland E. Expectations of brilliance underlie gender distributions across academic disciplines. Science 2015; 347:262-265.
  3. Ginther, DK, Kahn S. Comment on «Expectations of brilliance underlie gender distributions across academic disciplines». Science 2015; 349:391.

Autor entrada: Erika Acosta