Al mirar a nuestro alrededor nos percatamos que una gran cantidad de fenómenos están ocurriendo: calentamiento global, sequías prolongadas o grandes inundaciones. Es evidente que el planeta está modificado y que empieza a haber consecuencias porque somos demasiados o no estamos distribuidos de manera regular en el planeta y se nos están acabando los recursos. Es, pues, necesario cambiar nuestra forma de vivir, ya que este podría ser un proceso irremediable que conlleve la extinción de la vida tal como la conocemos. El ser humano es una especie que ha provocado múltiples daños al planeta y debe volver a tener respeto por su casa antes de que sea demasiado tarde.

En la antigüedad, estar en paz con la naturaleza era parte del bienestar del hombre, e incluso algunas de sus deidades eran representaciones de esa naturaleza (el mar, el cielo, la lluvia o el rayo). Hoy, algunas religiones conservan ciertos principios morales sobre el actuar de manera “justa”, sin dañar ni perjudicar, pero en la vida diaria se observa con alarma creciente que las personas y la sociedad en general no respetan el ambiente.

Para el desarrollo de la buena conducta humana, el oncólogo y humanista Van Rensselaer Potter, basándose en los principios morales, propuso en 1971 los cuatro pilares de la bioética: autonomía, no maleficencia, beneficencia y justicia. Pero es necesario establecer principios éticos más firmes en la investigación, ya que los avances científicos y la información generada por ellos crecen aceleradamente, y muchos de esos avances son atacados sobre bases morales al ser muy controversiales. Ejemplos claros de ello son la clonación y la transgénesis.

Por fortuna, también se empieza a observar una tendencia global hacia una toma de conciencia ambiental debido a los fenómenos a que estamos expuestos, como el mencionado calentamiento global, los efectos de El Niño o el cambio climático global. Por ello, se han firmado convenios mundiales para homogenizar las distintas formas de actuar sobre estos problemas, como los tratados firmados en Río de Janeiro en 1992 y en Kioto en 1997, entre los más importantes. Uno de los principales problemas es que gran parte de estos intentos se basan en la búsqueda de la satisfacción humana, donde poco importan los costos ambientales si hay un beneficio para unos cuantos.

La ética médica como base para la bioética

La ética médica obliga a prestar servicio médico a cualquier persona que lo requiera, buscando siempre el beneficio del paciente y bajo una estricta confidencialidad, y formula que todas las personas tienen igual derecho a la salud. Lo que no se considera dentro de estos principios son los mecanismos de que se vale la ciencia para hacer eso posible, algunos de ellos muy criticados, como la experimentación con animales o los exotransplantes (órganos provenientes de cerdo, principalmente, o bien de cerdos transgénicos, buscando la compatibilidad con los humanos, aspectos que acarrean grandes riesgos para la salud, como epidemias por ejemplo), aunque cabe decir que para muchos médicos, al igual que para muchos empresarios, sólo importan las ganancias, en menoscabo de la salud integral del ser humano.

En efecto, la ciencia ha generado una gran cantidad de conocimientos, pero el modo por el cual se llega a ellos es frecuentemente blanco de la crítica ética. En algunas de las prácticas biomédicas, como las pruebas de campo de las vacunas o fármacos, se utilizan animales para llevar a cabo los experimentos, y luego se aplican esas vacunas o fármacos a grupos de personas que voluntariamente se someten a ellos. Pero ¿en qué casos se justifica violar los derechos animales y poner en riesgo la salud de los voluntarios?, ¿cuándo es aceptable la exposición a productos posiblemente tóxicos o alergénicos?

Bioética

De las nuevas conductas sociales

El nuevo Homo urbanus es el humano que habita en un mundo artificial –en el cual las modificaciones ambientales han llegado a niveles extremos en el trabajo, en la manera de vivir o en el recreo– y que se halla completamente aislado de todo contacto con la naturaleza. La conducta adaptativa es común en nosotros y comenzó cuando el ser humano se volvió sedentario y cultivó la tierra para garantizar sus alimentos. De ese modo comenzó a satisfacer sus necesidades básicas personales y sociales, pero al mismo tiempo inició una presurosa carrera hacia el agotamiento de los recursos y la decadencia ambiental.

La sobrepoblación como causa principal

Una vez que nuestros ancestros lograron modificar el entorno, la reproducción dejó de tener un mecanismo de selección natural. Al trascurrir las generaciones, las crecientes tasas de supervivencia, la eliminación de depredadores y la protección ante las condiciones climáticas, así como la búsqueda de la perpetuidad de la especie, han ocasionado que haya cada vez más y más seres humanos en el planeta. Todo lo anterior, aunado al aumento de la longevidad, ha hecho que se use una mayor cantidad de recursos para poder satisfacer las necesidades básicas de los ahora siete mil millones de habitantes del planeta. Tan solo en México, la población en 1900 era de 13.6 millones de habitantes, y en 2013 somos ya casi 115 millones, ¡diez veces más! Este crecimiento desmedido es el principal factor de que estemos agotando el planeta. Gran parte de los esfuerzos científicos se dirigen a satisfacer nuestras crecientes necesidades, a pesar del excesivo crecimiento del número de personas. En condiciones normales, cuando una población supera su capacidad de producción, se elimina el exceso, pero las modificaciones ambientales y la empatía humana entorpecen los procesos naturales, modificando los modos de producción y los patrones de consumo de manera casi inconsciente.

Bioética

De la educación ambiental y la conciencia reproductiva

Es necesario, pues, generar el respeto hacia el planeta en las nuevas generaciones, comenzando en nuestros propios hogares. Esta sinergia educativa mundial entraña un gran cambio al buscar disminuir la tasa de crecimiento y, en consecuencia, la población mundial. Si esto llega a ocurrir, las necesidades grupales irían disminuyendo y ello facilitará que disminuya el estrés ambiental, considerado como una reacción ante una situación en la que se presenta un conjunto de variables ambientales que son percibidas como aversivas para la persona, permitiendo así que la tasa de regeneración ambiental llegue a su objetivo final, que es el equilibrio entre el hombre y el planeta. Está claro que gran parte de este esfuerzo debe orientarse a controlar el crecimiento poblacional desde sus raíces familiares a fin de que las nuevas generaciones consideren el respeto al medio como uno de sus cánones universales; es decir, una conducta ambiental, ética y digna, que no acarree complicaciones para el ambiente o para el propio ser humano, aun considerando que los problemas de consumo no son comparativos en diferentes áreas del planeta, pues dependen de la estructura poblacional principalmente.

Las necesidades creadas

El humano ha generado una gran cantidad de necesidades creadas o artificiales. La continua búsqueda de satisfacciones y lucro ocasionó poco a poco la producción en masa de todo tipo de satisfactores a partir de la Revolución Industrial, desde los antibióticos hasta una gran cantidad de aparatos electrónicos desechables, necesidades nuevas impuestas con frecuencia por la falta de educación o la publicidad constante y en ocasiones agresiva de los medios masivos de comunicación, los cuales participan sin duda en el problema de la saturación del ambiente pues favorece a las grandes empresas.

Impacto ambiental, desarrollo urbano y pérdida de biodiversidad

Es una realidad que el desarrollo de las grandes urbes, el crecimiento de la población y la búsqueda de alimento son responsables de un ecocidio de grandes dimensiones, como la pérdida de una gran área de la cuenca del Amazonas por la siembra de maíz para producir biocombustibles. En este caso, se genera una doble moral ya que es cierto que los biocombustibles son más eficientes que los combustibles fósiles y afectan menos el ambiente, pero ¿justifica su producción la pérdida de gran parte del ecosistema amazónico? Consideramos que la aniquilación de la biodiversidad es ahí gravísima.

Bioética

Otro claro ejemplo es esa pérdida en los lagos y lagunas de América por la introducción de la tilapia en la práctica de la acuacultura y su posterior liberación al medio, lo que ha causado la extinción de las especies nativas. La introducción de especies modificadas en el entorno sin un verdadero conocimiento de los efectos de su cruza con las especies nativas podría generar la eliminación o el desplazamiento de estas últimas, o que resulten afectados otros organismos. Un ejemplo es el caso de los cultivos biotóxicos, como ciertos cultivos transgénicos que poseen genes provenientes de una bacteria que habita en el suelo y que se utiliza comúnmente en lugar de pesticidas (Bacillus thuringiensis).

Los comités éticos

Los comités éticos están formados principalmente por médicos o profesionistas del área médica, quienes arbitran la aceptación y el apoyo de numerosos proyectos científicos. Aunque se busca la imparcialidad del jurado, tales comités sesgan las decisiones debido a criterios muchas veces personales. Lo difícil es que el jurado pueda tener una perspectiva integral que considere todos los aspectos implicados, esto es, que sea interdisciplinaria. Aunque estos comités son un avance y un excelente principio para la búsqueda de decisiones generales, la cuestión bioética sigue estando en un nivel muy limitado, y el ritmo en el cual va creciendo esta forma de pensar no es tan rápida como la vertiginosa producción de información y desarrollo de técnicas para la práctica científica.

Transparencia en la información y conducta ética

La educación es la herramienta más poderosa para poner al alcance de la población una información de primera mano, no manipulada, para maximizar los beneficios para el ser humano y minimizar los daños al ambiente, permitiendo así tener un panorama más fiel a la realidad para poder tomar decisiones justas hacia todos los componentes del sistema y sin causar daño. De algún modo, en el sistema macrobiológico en el que habitamos parece acertado considerar al humano como un depredador insaciable o como un organismo patógeno para el planeta. Es urgente entonces tomar decisiones para buscar sobrevivir en este ambiente alterado por nosotros mismos y persiguiendo el equilibrio entre el ser humano y el planeta.

En conclusión, la bioética es una forma de apreciar los conceptos básicos de la filosofía ¿natural?, donde la búsqueda de conocimiento permita discernir sobre las decisiones a tomar. Es también una manera de guiarse por los caminos de la ciencia buscando no dañar a otras personas como principio básico, generando información que tenga beneficios claros y logrando que tal información sea legal y completa, sin ocultar ningún aspecto que pueda afectar o quitar mérito a los descubrimientos, pero siempre tratando de no afectar al ambiente. Pero, ¿por qué no dañar al ambiente? Simplemente por el principio básico de no dañar nuestra casa. Si el daño continúa, podría ser irremediable y propiciaría la probable extinción del humano, o al menos un grave daño a su población. Debemos por ende buscar la satisfacción de todos los componentes del sistema, porque si se alteran las repercusiones recaerán sobre el sistema ambiental, y las modificaciones al espacio ambiental traerán como consecuencia la pérdida de miles de millones de años de desarrollo biológico debido a un solo logro de la evolución, el Homo sapiens, así como la probable desaparición de esta especie, que somos nosotros mismos.

Publicado en:

La ciencia y el hombre

septiembre-diciembre 2013

Universidad Veracruzana

Volumen XXVI Número 3

Bioética, Sobrepoblación y Ambiente

Acerca del autor(es)

Bioética, sobrepoblación y ambiente

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